
Johann Wolfgang von Goethe admiró el grupo escultórico del Laocoonte en los Museos Vaticanos durante su estancia en Roma en su «Viaje a Italia» (1786-1788). Le impresionó la majestuosidad y vitalidad de la escultura y su capacidad para representar el dolor de forma noble y contenida. Con gran entusiasmo, subrayó cómo encarnaba un ideal de belleza clásica que transmite el sufrimiento sin caer en el exceso emocional. En sus escritos, relataba cómo la estatua superaba cualquier reproducción o descripción, y cómo su experiencia directa era esencial para comprender plenamente su poder expresivo.

El Grupo de Laocoonte es un icono del arte helenístico, probablemente creado en Rodas en el siglo II-I a.C., en una época en la que la escultura buscaba retratar lo último en dramatismo y emoción. Goethe, siguiendo a Lessing, observa cómo Laocoonte evita el grito de desesperación para mantener cierta dignidad. En este equilibrio entre emoción y racionalidad identifica una característica distintiva del arte griego y ve en Laocoonte un símbolo de la grandeza del arte clásico, capaz de representar el dolor humano con belleza y mesura, equilibrio que él mismo trató de perseguir en su obra poética y teórica.

El Grupo Laocoonte ha influido en pensadores, escritores y artistas de distintas épocas, convirtiéndose en un símbolo del sufrimiento humano, la belleza clásica y la lucha contra el destino. Su interpretación ha evolucionado con el tiempo, desde un modelo de armonía estética (Winckelmann) hasta un símbolo existencial y psicológico (Freud, Rilke).

