LOS COLORES DE LA GOETHEHAUS

EL VERDE Y EL ROJO PÚRPURA EN LA APLICACIÓN DE LA TEORÍA DEL COLOR DE GOETHE

«Darum wählt man gern die grüne Farbe für Zimmer, in denen man sich beständig aufhält«.

«Por eso a la gente le gusta elegir el color verde para sus viviendas permanentes«.

Johann Wolfgang von Goethe, Farbenlehre – Didaktischer TeilSinnlich-sittliche Wirkung

Resumen

Este artículo interpreta los espacios de la Goethe Haus a la luz del Zur Farbenlehre de Johann Wolfgang Goethe, mostrando cómo el color no es un mero elemento decorativo, sino un verdadero lenguaje de la experiencia sensorial y moral.

El amarillo verdoso de los salones y dormitorios, color de la tranquilidad y el reposo de la mirada, se contrapone al rojo púrpura del pasillo de conexión, su antagonista cromático y psicológico.

El pasillo se convierte así en un umbral perceptivo, un espacio de transición que interrumpe la continuidad de la vida y prepara interiormente el paso de una habitación a otra. El uso de madera e incrustaciones de madera mediatiza este contraste, introduciendo calidez y medida. Siguiendo a Goethe, el color actúa ante todo sobre el alma, antes que sobre el intelecto, transformando el movimiento en el espacio en una experiencia consciente de belleza, equilibrio y profundidad interior.

El color como experiencia moral del espacio

La elección de los colores para las paredes de la Goethe Haus sigue estrictamente la teoría de los colores de Goethe(Zur Farbenlehre, 1810), traduciendo arquitectónicamente la idea de Goethe de que el color no es mera ornamentación, sino una experiencia moral del espacio; no es un dato objetivo, sino un acontecimiento que implica simultáneamente al ojo, al alma y al espacio experimentado. Por tanto, la elección de colores para paredes y muebles no tiene una función decorativa, sino psicológico-antropológica, pero, en aplicación de los principios de la Farbenlehre, articula el espacio según estados de experiencia: permanencia y paso, quietud y tensión, habitar y atravesar.

En Zur Farbenlehre, Goethe saca el color de la esfera puramente física para devolverlo a su auténtica dimensión: fenomenológica, psicológica y moral. El color no es, para Goethe, un dato objetivo aislable, sino un acontecimiento que implica simultáneamente al ojo, al alma y al espacio vivido.

Desde esta perspectiva, atribuye a los colores una función decisiva en la arquitectura y en los espacios vitales, anticipando una concepción moderna y profundamente humanista del diseño del color.

El verde genera una sensación de plenitud, equilibrio y descanso

El color verde de las paredes del salón y del dormitorio se inspira en la idea de Goethe, que otorgó a esta tonalidad un papel central y profundamente simbólico.

El tono de verde puede aproximarse al clasificado en el sistema de codificación de colores como «Pantone 389 C».

Según la Teoría de los Colores(Zur Farbenlehre), la percepción de los colores nunca es un hecho estático o puramente pasivo: cuando el ojo percibe un color aislado, reacciona y entra inmediatamente en actividad; su naturaleza le impulsa instintivamente a producir el color complementario, para reconstituir la totalidad del círculo cromático. Por tanto, cada color tiende a generar su opuesto, porque el aparato visual aspira a una condición de equilibrio y plenitud.

El verde, sin embargo, ocupa una posición privilegiada en este sistema. Nacido del equilibrio entre el amarillo y el azul, no impulsa al ojo hacia una compensación inmediata, sino que lo sitúa en un estado de reposo activo, de quietud estable: mientras que los colores extremos o fuertemente caracterizados obligan al órgano visual a adaptarse continuamente, el verde permite al ojo «permanecer de buen grado», sin tensión ni fatiga. Es el color que, más que ningún otro, consigue esa «totalidad y armonía» a la que tiende naturalmente el ojo.

El genio alemán afirma:

«VERDE

801. Si combinamos el amarillo y el azul, que consideramos los primeros y más simples colores, ya en su primera aparición, ya en el primer nivel de su acción, obtenemos el color que llamamos verde.

802. En él, nuestro ojo encuentra la verdadera realización. Si ambos colores madre están perfectamente equilibrados en el compuesto, de modo que uno no se note antes que el otro, el ojo y el alma descansan en este compuesto como si fuera algo simple. No se quiere ni se puede ir más allá. Por eso se suele elegir el verde para el tapiz de los salones».

(Texto correspondiente en alemán: ‘801.Vereinigt man Gelb und Blau, die wir als die ersten und einfachsten Farben ansehen, so entsteht schon bei ihrem ersten Erscheinen, auf der ersten Stufe ihrer Wirkung, die Farbe, welche wir Grün nennen. 802. En ella encuentra nuestro Mundo una profunda Felicidad. Si las dos mestizas se unen en una sola joya para mantener el equilibrio, de modo que ninguna de las dos quede por encima de la otra, Auge y joya se unirán en esta unión, porque será algo muy especial. Man will und kann nicht weiter gehen. Por eso, la hierba debe estar en el techo de la casa». Johann Wolfgang von Goethe, Zur Farbenlehre, [Didaktischer Teil, sección «Grün» §§ 801-802 – Weimarer Ausgabe (WA), Abteilung I, Band 5].

El verde es, por tanto, el color de la habitabilidad y de la quietud perceptiva, en equilibrio no dinámico sino estable, y produce un efecto pacificador en el ojo. No estimula ni excita, no fatiga ni distrae. Permite al hombre permanecer, habitar el espacio sin dejarse dominar por él.

El verde del dormitorio principal | Goethe Haus Palermo
El verde del dormitorio principal

En la Goethe Haus, el uso del verde en las salas de estar y de dormir responde perfectamente a esta función: son lugares de permanencia, de intimidad, de duración. El color acompaña a la vida sin imponerse, creando una condición de equilibrio que Goethe describiría como «satisfacción de la vista».

El verde también se representa como un bosque.

El rojo púrpura es el color complementario del verde y es símbolo de plenitud y dignidad.

Ese impulso natural que, según la teoría de Goethe, lleva instintivamente al ojo a buscar el color complementario, también se manifiesta -aunque de forma atenuada y equilibrada- en el color verde. Por tanto, el ojo busca al antagonista, que, según las clasificaciones actuales, es el «rojo púrpura» (Pantone 7425 C).

Al término «púrpura» pueden corresponder colores muy diferentes en las distintas lenguas, pero en el esquema de la Farbenlehre, el que contrasta con el verde es el color rojizo, que suele obtenerse a partir de pigmentos compuestos de «goethita», el mineral que Goethe bautizó así en 1806. Es un rojo que tiende al marrón, conocido como púrpura real, púrpura imperial o púrpura de Tiro (de la ciudad fenicia de Tiro, donde se producía). Es un tipo de rojo violáceo intenso muy apreciado desde la antigüedad que Goethe describe como la culminación de la intensificación del verde y el rojo, en la que interviene un componente azul(Zur Farbenlehre, Didaktischer Teil, §§ 804; 820-821; WA I, 23). En concreto, si los colores originales se intensifican(Steigerung) antes de unirse, su mezcla da lugar al rojo púrpura. El proceso de intensificación consiste en un aumento de la densidad, es decir, un aumento del rojo oscuro, amarillo-rojo y azul-rojo, de cuya unión se obtiene ese tono particular de rojo. Se trata de una dinámica cuyo resultado sorprende a Goethe porque es superior y mejor que los extremos intensificados, la culminación de la tensión cromática. El púrpura nace de la elevación del rojo y de la absorción del azul, es decir, de la unión de la máxima energía (rojo) y profundidad (azul); por eso, según Goethe, es histórica y perceptivamente el color más noble, el símbolo de la autoridad y la majestad, la marca de reyes y emperadores («Los emperadores romanos eran celosos del púrpura«(Zur Farbenlehre, Didaktischer Teil, § 840).

Sobre esta base, la Goethe Haus, con sus habitaciones pintadas de verde y el pasillo de conexión en rojo púrpura, constituye una aplicación coherente de la teoría goetheana del color.

Rojo púrpura como potenciador del efecto cromático del ónice.

El rojo púrpura se utiliza en la Goethe Haus con una doble función: como fondo de la losa circular de ónice verde-amarillo, retroiluminada en la pared del fondo del salón, y como color de transición en el pasillo.

¡Detalle de la sala de estar de la Goethehaus ! Goethe Haus Palermo
Detalle del salón de la Goethehaus

La yuxtaposición cromática entre el redondel de ónice verde-amarillo retroiluminado, que se ilumina con fuerza simbólica e intensidad perceptiva, y la pared rojo-púrpura, su color antagonista, produce un efecto de extraordinaria coherencia goethiana.

No se trata de un contraste decorativo, sino de una configuración fenomenológica que encarna de forma ejemplar los principios de Zur Farbenlehre.

El color del ónice -un verde amarillento luminoso, surcado por vetas naturales- pertenece a esa zona cromática que Goethe considera próxima a la luz. Es un verde no frío, no estático, sino animado por el amarillo, cargado así de una energía vital acentuada por el contraluz, que asemeja el objeto a un disco solar resplandeciente.

En la Farbenlehre, el verde es el color en el que el ojo encuentra reposo, porque surge del equilibrio entre el amarillo y el azul. Aquí, sin embargo, el verde es empujado hacia el polo activo, gracias al contraluz y a la exaltación del componente amarillo: no es mera quietud, sino vida lo que se manifiesta. El ónice, piedra natural amada por Goethe, apasionado coleccionista de hallazgos geológicos, amplifica este efecto: la luz no se posa en la superficie, sino que surge del interior, transformando el color en un acontecimiento.

El resultado es una percepción de organicidad luminosa: el ojo no se deslumbra, sino que se siente atraído; no se agita, sino que se implica. Es lo que Goethe llamaría una satisfacción natural de los sentidos, un placer que no cansa porque no es violento.

La pared rojo púrpura constituye el contrapunto natural y, por tanto, coherente y necesario, un digno telón de fondo físico y simbólico de la fuente de luz: no distrae, sino que eleva, expresando su significado más elevado de realeza, poder, sacralidad. Aquí, la pared rojo púrpura actúa como un campo de tensión: sujeta, concentra, da gravedad a todo el espacio: el verde-amarillo atrae la mirada, el rojo púrpura da peso y profundidad. Juntos, producen lo que Goethe llama una «vollkommene Befriedigung»: una completa satisfacción de la percepción, porque el ojo encuentra simultáneamente luz y sombra, vida y forma, naturaleza y cultura.

Desde un punto de vista psicológico, el efecto es el de una belleza que no es neutra, sino orientada. No se deja al observador en un estado de contemplación pasiva: se le guía. La luz verde-amarilla suscita apertura, confianza, vitalidad; la púrpura-roja introduce medida, profundidad, respeto.

Desde un punto de vista moral -en el sentido goetheano del término-, la imagen cumple una aspiración fundamental: conciliar el placer sensorial con la dignidad del espíritu, en una especie de expresión visual poética. No hay sensualidad pura, ni austeridad fría. El color se convierte en un lenguaje ético del espacio, en perfecta consonancia con la idea de Goethe de que el color, correctamente entendido y colocado, no sólo agrada a la vista, sino que educa el sentimiento.

Detalle de la imagen anterior

El busto del genio alemán, al que el tondo actúa como un halo significativo, hace que la imagen sea aún más simbólica: el genius loci de la Goethehaus irradia su luz sobre quienes están abiertos y dispuestos a comprender su mensaje, en tiempos de barbarie inminente. Sólo ellos podrán mirar con su inteligencia más allá del mero mobiliario y comprender la esencia, apreciar el significado cultural y moral de la obra de Goethe.

El rojo púrpura como color de transición entre lugares de quietud.

En la Goethe Haus en Palermo, el pasillo de conexión entre el vestíbulo pintado de verde y los dormitorios, también pintados de verde, está pintado de rojo púrpura y revestido de madera y adornado con incrustaciones de madera en colores antagónicos verde-amarillo.

El pasillo de la Goethehaus | Goethe Haus Palermo
El pasillo de la Goethehaus

El pasillo rojo-morado y de madera de la Goethe Haus no es un espacio neutro de distribución, sino un entorno umbral, concebido como un momento necesario de transformación perceptiva e interior entre dos lugares tranquilos: el vestíbulo y los dormitorios, ambos inmersos en el verde-amarillo.

Corredor y Espejo | Goethe Haus Palermo
Pasillo y espejo

A la luz de la Farbenlehre de Goethe, este pasaje adquiere un significado preciso y coherente: si el verde-amarillo de las habitaciones es el color de la permanencia y el reposo, en el que la percepción se estabiliza y disfruta, al abrigo de las tensiones, el rojo púrpura del pasillo, antagonista del verde, interrumpe deliberadamente la continuidad cromática e introduce una dinámica interior diferente. El ojo es llamado a un estado diferente: ya no tranquilo, sino alerta, ya no relajado, sino concentrado. El pasillo no es un lugar de permanencia, sino de paso; no se habita en él, sino que se atraviesa, y el propio paso adquiere el valor de un acto consciente, no de un gesto automático.

Corredor y Espejo | Goethe Haus Palermo
Pasillo y espejo

Cruzar el pasillo rojo púrpura significa, según Farbenlehre, abandonar temporalmente la condición natural, inducida por el verde, y entrar en una zona de intensificación simbólica. Es como si el entorno pidiera al invitado que centre la atención, que se recoja, antes de volver a entrar en un nuevo espacio de quietud.

La madera, el espejo y la marquetería desempeñan un papel decisivo en esta transición. Desde un punto de vista goethiano, la madera, con sus variaciones tonales de marrón, desempeña una función mediadora entre el verde vital y el morado intensificado. El espejo de pared refleja al huésped y lo sitúa en el centro de la transición, protagonista de un pasaje ritmado por las formas geométricas y armónicas de las incrustaciones de madera, de una modulación musical entre dos tonos opuestos. El color y la materia sustraen así al pasillo de la frialdad de su función práctica, devolviendo calor y tactilidad a quienes lo atraviesan, en una especie de umbral cromático y moral en el que el visitante no vive, sino que se prepara para el paso hacia el silencio de la noche o el retorno a la vida común.

En conjunto, los colores de la Goethehaus hacen realidad lo que Goethe quiere decir cuando afirma que el color actúa sobre el alma antes que sobre el intelectoDie Farbe wirkt auf das Gemüt, sie kann Empfindungen erregen, sie kann Gedanken und Stimmungen hervorrufen. Zur Farbenlehre, Didaktischer Teil – Einleitung und sechsten Abschnitt).

La elección de colores para la Goethe Haus está en consonancia con la de las casas históricas de Goethe.

Estas consideraciones teóricas, que sustentan la elección de colores para la Goethe Haus en Palermo, la sitúan en una continuidad consciente con las casas históricas de Goethe. Las elecciones cromáticas del mayor escritor alemán (o de quienes continuaron su obra o interpretaron su espíritu reconstruyendo o restaurando ambientes domésticos) se reflejan en las casas de Weimar y Fráncfort.

Tras la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, el mobiliario de la reconstruida Goethe-Haus en Großer Hirschgraben 23, en la antigua Frankfurt(Altstadt), adoptó la Farbenlehre. Las paredes de las zonas de estar y de dormir están coloreadas predominantemente en varios tonos de verde.

El salón de la Goethe-Haus de Frankfurt - Foto https://www.worldtravelimages.net/Frankfurt_Goethehaus.php | Goethe Haus Palermo
El salón de la Goethe-Haus de Fráncfort – Foto https://www.worldtravelimages.net/Frankfurt_Goethehaus.php

La buhardilla verde donde el joven Goethe pasó sus años de formación y escribió sus primeras obras literarias - Foto https://frankfurter-goethe-haus.de/en/ | Goethe Haus Palermo
La buhardilla verde donde el joven Goethe pasó sus años de formación y escribió sus primeras obras literarias – Foto https://frankfurter-goethe-haus.de/en/

También en la casa de Weimar, Frauenplan 1, el mobiliario y la pintura destacan los verdes en múltiples tonos.

Habitaciones de la residencia de Goethe en Weimar - Museo Nacional Goethe | Goethe Haus Palermo
Habitaciones en la Residencia de Goethe en Weimar – Museo Nacional Goethe
Estudio de Goethe en Weimar - Museo Nacional Goethe
Estudio de Goethe en Weimar – Museo Nacional Goethe

El verde predomina en la Casa-Jardín de Goethe, lugar de descanso y meditación del poeta.

Habitación en la Casa Jardín Goethe – Foto STADTRING – © Klassik Stiftung Weimar

 

Idéntica es la elección de colores en la Casa de Schiller, también en Weimar, donde encontramos paredes pintadas de verde en los lugares de reflexión y descanso, significativamente contrapunteadas por el rojo púrpura de las ricas cortinas de las ventanas.

El estudio de Schiller en su casa – Foto STADTRING – © Klassik Stiftung Weimar

Cuando Schiller se instaló definitivamente en Weimar (1799), su amigo Goethe colaboró activamente en la búsqueda de la casa, facilitando la concesión de subvenciones y fondos. Esto hizo posible tanto la compra como la disposición del mobiliario, según la ubicación, funcionalidad y adecuación del edificio a las necesidades laborales de Schiller.

En la disposición de la casa, Goethe ejerció una influencia decisiva en las elecciones de su amigo, aunque de forma discreta y discreta. Así pues, se puede atribuir a su teoría del color la sugerencia de colores para el estudio, de un verde sobrio y luminoso, acorde con la idea de que el entorno físico debe favorecer la relajación, la regularidad y la productividad.

El estudio de Schiller, con su escritorio, sus ordenadas estanterías y la ausencia de elementos superfluos, refleja un ideal afín al de Goethe.

En todas las casas en las que se ha impreso o reproducido la huella de Goethe, predomina el verde como signo de equilibrio y recogimiento. Es el signo de su concepción de la vida no sólo con una función práctica, sino como una experiencia formativa, capaz de influir directamente en el estado de ánimo, el pensamiento y la salud interior.

Goethe Haus Palermo

Un sito sulla straordinaria figura di Goethe.

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