
Durante su viaje a Italia en 1786, Goethe visitó el Jardín Botánico de Padua y quedó profundamente impresionado por una palmera enana (Chamaerops humilis) que se cultivaba allí desde hacía más de cien años.
«Hoy he visitado el Jardín Botánico, el más antiguo de Europa. Hay una palmera que crece bajo una cristalera desde hace más de cien años: es alta, esbelta, llena de vida y belleza. Nunca he visto nada igual en el reino vegetal; esta planta me hizo pensar en muchas cosas. Tengo la impresión de que aquí, ante esta palmera, he descubierto el secreto de la forma de las plantas en general, y estoy cerca de resolver el problema de cómo se transforman unas en otras. Tal vez encuentre aquí mi planta original (Urpflanze). Si la encuentro, entonces también sabré cómo se forman todas las plantas, cómo se determinan a sí mismas según una ley y se desarrollan en nuevas formas. La forma es algo móvil, algo fluido, algo que deviene. «
Viaje a Italia – Cartas – Diarios, 27 de septiembre de 1786
La palmera de Padua era para Goethe el símbolo vivo de la unidad y la transformación de la naturaleza. Observando su forma y vitalidad, intuyó un principio fundamental: todas las plantas derivan de una «planta original»(urpflanze) y sus formas son transformaciones de una estructura común. Esta intuición le llevó a desarrollar su teoría de la metamorfosis vegetal, según la cual cada parte de la planta es una variación de la misma forma básica. Unos años más tarde, en 1790, Goethe publicó «Versuch die Metamorphose der Pflanzen zu erklären» (Intento de explicar la metamorfosis de las plantas), en el que sostenía que todas las partes de una planta -de la semilla a la hoja, de la flor al fruto- no eran sino variaciones de una misma forma primordial (la

