GINKGO DE LA EMPERATRIZ SISSI

Ginkgo Biloba in autunno | Goethe Hhaus

En noviembre de 1889, cuando el Tirol del Sur aún estaba envuelto en la clara luz otoñal, la emperatriz Isabel de Austria acudió de nuevo a Merano para una de sus estancias terapéuticas. Aquel paisaje -suspendido entre Europa Central y el mundo mediterráneo- era un refugio para ella: un lugar donde el tiempo parecía ralentizarse y las obligaciones cortesanas se desvanecían como la niebla.

Durante aquella estancia, la emperatriz expresó su deseo de visitar Bolzano, donde su tío, el archiduque Heinrich de Austria, vivía en un magnífico palacio, residencia urbana de la Casa de Habsburgo. Era un edificio con una historia antigua: construido en 1342, transformado a lo largo de los siglos en una mezcla de arquitectura gótica, barroca y neoclásica, y hoy conocido como Palazzo Campofranco.

Heinrich, un hombre culto y reservado, la recibió en el patio interior del palacio. Sissi avanzó con ligereza, moviendo su elegante paso entre los jardines, rampas y terrazas que unían el palacio barroco con el nuevo «palacete» neoclásico diseñado por Sebastian Altmann.

Retrato de Enrique de Habsburgo-Lorena - Archiduque de Austria | Goethe Haus
Enrique de Habsburgo-Lorena – Archiduque de Austria

Fue entonces cuando sintió el deseo de dejar un recuerdo duradero entre aquellas paredes, algo que conllevara un significado más profundo que la mera ornamentación.

Hojas de Ginkgo Biloba | Goethe Haus

Pocos días después, llegó a Bozano una caja procedente de los jardines imperiales. En su interior, envuelto en una gasa húmeda para proteger sus raíces, descansaba un joven Ginkgo biloba, la especie arbórea superviviente más antigua de la Tierra: un «fósil viviente», el único superviviente del orden de los Ginkgoales, extraordinariamente resistente al fuego, los insectos, las enfermedades e incluso -como se descubriría en Hiroshima- al poder devastador de la bomba atómica.

Junto a la planta había una nota, escrita por la propia Sissi:«En 1889, Isabel de Austria-Hungría regaló este Ginkgo a su tío, Alteza Real Imperial el Archiduque Enrique, como muestra de su benevolencia.

Heinrich se sintió profundamente conmovido por el regalo. Conocía bien el significado simbólico del Ginkgo: árbol de la longevidad, de la amistad, de la armonía, celebrado por Goethe en su famoso poema dedicado a Marianne von Willemer, donde la hoja de biloba -doble y una a la vez- representa la unión de los opuestos, la dependencia mutua de las formas de vida.

Al plantar el Ginkgo en el patio del palacio, en una posición de honor donde la luz de la mañana pudiera acariciar las hojas en forma de abanico, Sissi recordó en silencio aquellos versos, expresión de su esencia más íntima, desgarrada entre dos naturalezas irreconciliables: por un lado, la Emperatriz, petrificada en la rigidez del protocolo, que helaba cada gesto, cada emoción; por otro, la urgencia de la naturaleza inquieta de una mujer libre, instintiva, hecha de impulsos repentinos y anhelos indefinidos, que corría a caballo hasta que el viento perturbaba sus pensamientos, que buscaba el silencio de las montañas, que se refugiaba en la poesía y la música como única patria posible.

Surgieron de las profundidades de la memoria las palabras del Poeta:

«Ginkgo Biloba

La hoja de este árbol, de Oriente

confiado a mi jardín,

tiene el sabor de un significado secreto,

como le gusta al sabio.

Es una Criatura,

¿en sí mismo roto?

O son dos, que han elegido

ser uno en el mundo?

Por una respuesta,

Puede que haya encontrado el rastro:

¿no oyes en mi canto

¿Que yo también soyuno y a la vez doble?».

Texto del poema de Goethe e imagen de la hoja de Ginkgo | Goethe Haus

En ellos percibió como una esperanza de paz, la promesa de una reconciliación entre la realeza del soberano y la vulnerabilidad de la mujer, entre la disciplina del acero y la fragilidad del cristal.

Por eso el Ginkgo biloba la sedujo tan poderosamente: en esa hoja dividida y unida, antigua y siempre nueva, Sissi reconoció su propia imagen secreta, el drama de su existencia: dos mundos opuestos que se buscan y coexisten sin fusionarse nunca del todo.

El Ginkgo biloba en el Palacio Campofranco de Bolzano - ¡Navidad 2025! Casa de Goethe
El Ginkgo biloba en el Palacio Campofranco de Bolzano – Navidad 2025

Los habitantes de Bolzano observaban asombrados cómo crecía el árbol, y cada año en otoño resplandecía de un amarillo profundo, casi regio, como el manto de una emperatriz esculpido en la luz.

El Ginkgo biloba del Palacio Campofranco sigue ahí, firme y brillante, una de las presencias botánicas más significativas de la ciudad, considerada por muchos un símbolo de esperanza, una promesa de salud y prosperidad.

Así lo atestiguan no sólo sus conocidas cualidades terapéuticas, antioxidantes y antiinflamatorias, y sus efectos beneficiosos sobre la circulación sanguínea, sino también su increíble resistencia a los traumatismos ambientales, que la han hecho famosa como símbolo de adaptación invencible, pues fue de los pocos seres vivos que sobrevivieron a la bomba de Hiroshima.

Hojas de Ginkgo caídas en otoño Casa de Goethe
Hojas de Ginkgo caídas en otoño

Y mientras las hojas doradas caen como pequeñas alas sobre el antiguo patio, aún parece posible percibir, en el suave susurro del viento, el paso silencioso de la emperatriz Sissi, la inquieta soberana que encontró en la naturaleza el consuelo para lo que el mundo era incapaz de ofrecerle.

El Ginkgo de Bolzano iluminado para Navidad | Goethe Haus
El Ginkgo iluminado para Navidad

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